El expresidente haitiano Henri Namphy, quien murió de un cáncer en Jarabacoa, provincia La Vega, mantuvo una vida hermética.
La mayoría de las personas de Jarabacoa desconocían que Namphy residía en su pueblo.
El dirigente comunitario Jorge Cabrera dijo que Namphy residía en una lujosa villa, donde llevaba una vida privada.
Tras su derrocamiento en Haití, vivió un tiempo en la zona montañosa, de la comunidad de Gurabo, en Santiago, pero no se supo más nada de él, hasta que se informó su fallecimiento.
Residentes dijeron que ni en los invernaderos que poseía en Jarabacoa lo veían, porque los tenía en una zona privada de su vivienda.
“Parece que era un hombre bien misterioso, porque nunca escuché decir a nadie, ¡Mira ahí va Namphy, esa es su jeepeta! y yo recorro el pueblo entero vendiendo”, declaró un vendedor de frutas y vegetales que no quiso identificarse.
Métodos de tortura
Medios de comunicación de Haití informaron que los últimos días de vida de Namphy fueron horribles, porque los medicamentos que les administraban para calmar los dolores del cáncer ya no surtían efectos.
En Haití se comenta que siendo miembros de las Fuerzas Armadas y después presidente de facto, cientos de haitianos murieron, miles fueron torturados y otros aún siguen desaparecidos.
Supuestamente, luego de torturar a los opositores del expresidente Jean Claude Duvalier y a los que también los adversaban a él por su cruedad, gustaba usar navajas para escribir con sangre en los glúteos de las víctimas sus dos nombres y sus dos apellidos, según han contado a medios de Haití algunos de los sobrevivientes.
fuente:listindiario.com

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