jueves, 27 de julio de 2017

“Mis amiguitos no quieren jugar conmigo porque huelo a humo”

SANTO DOMINGO NORTE. Sumérgida Reyes “vive” junto a sus dos hijos de 10 y 12 años en un cuartucho de hojalata en el barrio Brisa del Ozama que le prestó un vecino , tan pobre como ella, en una destartalada vivienda donde reina la indigencia, pero sobra la esperanza.
La miseria espanta al ver como se consumen varios pedazos de palo en medio de un trío de blockes que utilizan como fogón para cocer lo que pueda aparecer. Un pedazo de yuca con una tajada de aguacate es toda la comida del día, que disfruta otra niña en una cantina.
Sumérgida , sus dos hijos y los dos ancianos con que comparte la casucha, están sumergidos en la miseria, más bien en la indigencia, pero en medio del tétrico panorama hay tesoros: La fe en Dios y la apuesta de dos niños de 10 y 12 años estudiantes meritorios que alimentado por la situación quieren ser “alguien” para ayudar a su madre.
Ella, una mujer enferma de los riñones, vino de Azua acosada por la pobreza porque entendía que en la capital podría mejorar las condiciones de vida de sus hijos, de los que dice son su vida.
“Yo soy enferma, tengo problema en un riñón, vivo enferma... mis hijos se acuestan muchas noches con hambre y eso me da presión. Le pido a Dios que le dé los alimento tengo mucha fe y yo sé que el presidente le daría la casa y mis hijos”.
Habla con orgullo de que su hijo Wilfi Ogando Reyes, de 12 años ha sido estudiante meritorio en tres ocasiones y como prueba muestra una medalla y varios certificados que avalan el mérito. También coloca sobre la cama que comparte con sus hijos un certificado expedido por un centro educativo que le galardona por ser una buena madre.
fuente:diariolibre.com.do

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