No sé si nos vamos a volver a ver pronto, pero quiera Dios que sí”, fue la frase que ayer el guatemalteco Noel López le susurró al oído a su esposa, Doris, luego de abrazarla mientras las lágrimas daban cuenta de su enorme dolor, antes de entrar al edificio de Inmigración en el 26 Federal Plaza, en el Bajo Manhattan. Allí, a las 10:00 a.m., tenía una cita con funcionarios de Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en la cual rogó que no lo separaran de su familia y cancelaran la orden de deportación que estaba pautada para implementarse ayer mismo.
El inmigrante de 42 años, quien cruzó la frontera en 1991 tras ser víctima de ataques y amenazas de muerte en su país, le entregó las llaves de su casa y el celular a su mujer, le dio un beso que pareció eterno, abrazó a su hija mayor Viana, de 6 años, y entró a la cita junto a su hijo menor Shaun, de 5, quien padece una seria enfermedad y espina bífida, lo que le impide defenderse por sí mismo.
Sin embargo, horas después, su angustia se transformó en alegría, al ser liberado y recibir un periodo de gracia de parte de las autoridades de ‘La Migra’.
fuente:eldiario.ny.com







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