sábado, 5 de agosto de 2017

El enigma del fuego griego que sólo se podía apagar con orina, arena y vinagre

En pocas palabras, era un arma química. Y Tomás el Eslavo no fue el primero en sentir su ardor.
El empleo de materiales incendiarios en la guerra es de larga data.
Varios escritores de la antigüedad hablan de flechas encendidas, braseros de fuego y de sustancias como nafta, azufre y carbón.
Más tarde, se empezaron a usar el salitre y la trementina.
Al resultado de esas mezclas los Cruzados le llamaban “fuego griego” o “fuego salvaje”.
Por la descripción de sus efectos, se piensa que debía tener petróleo, probablemente nafta, un aceite crudo ligero altamente inflamable.
Las historias sobre el fuego griego son tan fabulosas que bordean el terreno de la ficción pero sabemos que su efecto era devastador: una vez encendida, la misteriosa solución era capaz de engullir un barco y su tripulación en cuestión de minutos.
Calínico de Heliópolis, un refugiado judío en el Imperio Bizantino, fue quien “inventó el arte de proyectar fuego líquido” durante el mandato de Constantino IV (668-685).
La sustancia se podía lanzar con cubos, granadas o disparar a través de tubos; espontáneamente se prendía en llamas que no se podían extinguir con agua.
Es más, ardía sobre el agua.
FUENTE:
ACENTO.COM.DO

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