Entre lágrimas que anuncian incredulidad. Un dolor retraído por la impotencia y el desconcierto de una familia destrozada, debido a una travesía fatal, tras el trágico desenlace de Miriam Mora, en Chile, y sus sueños de un mejor porvenir.
Suspirando y sollozando, su madre Consuelo Mora, miraba ayer continuamente la foto de su amada hija, como buscando algo inusual en su peculiar pose, o en la sonrisa que de manera recurrente dibujaba su rostro.
“Ella era muy alegre y muy buena gente”, prorrumpía Consuelo al rememorar con gran pesar la vida de su primogénita.
Comentó que desconocía el paradero de su hija hasta el momento en que decidió visitarla y saber de su estado.
Miriam Mora, de 31 años, salió cargada de sueños, desde su humilde hogar ubicado en el sector Magdalena, en Haina, San Cristóbal, el pasado 20 de marzo hacia Perú. Se fue con Didiana Rivera, hermana de crianza de su esposo Miguel Féliz, con el objetivo principal de atravesar el desierto que las conduciría hacia su destino final: Chile. “Ella había partido de aquí con Didiana Rivera con destino a Perú, de ahí se cruzaron a Chile en autobús y tuvieron que caminar bastante”, dijo Marina Jáquez, la hija mayor de la hoy fenecida.
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Un audio enviado a su hija mayor, días previos al fatal desenlace, fue entonces el preludio de la muerte anunciada. Ella manifestó su empeorado estado de salud y los síntomas que la aquejaban de forma repetitiva. “Estoy mala, no me puedo ni parar ni comer, vomitando el día entero y la noche, sin poder comer. Un jugo fue que me trajeron ahora”.
Un audio enviado a su hija mayor, días previos al fatal desenlace, fue entonces el preludio de la muerte anunciada. Ella manifestó su empeorado estado de salud y los síntomas que la aquejaban de forma repetitiva. “Estoy mala, no me puedo ni parar ni comer, vomitando el día entero y la noche, sin poder comer. Un jugo fue que me trajeron ahora”.
Su familia clama para que el cadáver sea traído. La familia de Miriam Mora solicita al ministro de Relaciones Exteriores, Miguel Vargas Maldonado, que a partir de un proceso de repatriación sean trasladados los restos de su pariente, desde Chile al país. “Estamos pidiendo la atención del Canciller, para que nos ayude a traer el cadáver, porque yo no quiero que quemen a mi mamá, yo quiero que me la traigan”, expresó Marina Jáquez.







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