Entre 2016 y 2017 hubo gran revuelo cuando se descubrió que una empresa había pagado 92 millones de dólares en sobornos a funcionarios y políticos dominicanos a cambio de contratos multimillonarios para construir obras de infraestructura en suelo dominicano.
El nombre de la empresa era Odebrecht, una constructora brasileña que se convirtió en un gigante internacional durante años utilizando sobornos y corrupción para asegurar alrededor de 100 proyectos de obras pública en 12 países, generando ganancias ilícitas de alrededor de 3,3 mil millones de dólares.
En medio de la tormenta, y a la cabeza de toda la operación, se encontraba Marcelo Odebrecht, un hombre cuyo apellido se convirtió en un sinónimo de corrupción.
Nacido en 1968, nieto de Norberto Odebrecht, fundador de la empresa que lleva su apellido, e hijo de Emilio Odebrecht, quien presidió la compañía hasta 2001, Marcelo fue el tercero de la línea familiar en encabezar la gestión del gigante conglomerado de construcción brasileña, hecho que le ganó el apodo de “El Príncipe”.
Como todo príncipe, Marcelo fue esculpido desde joven para llevar algún día las riendas del imperio familiar. Cursó estudios de ingeniería civil en su natal Brasil y luego pasó por los mejores y más exclusivos centros educativos de Estados Unidos y Suiza, donde se especializó en negocios.
fuente:listindiario.com







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